mano luz

Nuestro cuerpo, nuestro tesoro

La relación que con nuestro cuerpo se fomenta desde el mundo que nos rodea, pareciera “de puertas para fuera” identificándolo con imagen y apariencia. Vivimos en un bombardeo de mensajes relacionados esquemas de tamaños y cánones de belleza. Se nos escapa desde esta visión estrecha, reconocer y agradecer el profundo misterio que somos. Es fácil despistarnos: olvidar sentir nuestro cuerpo, nuestra respiración, la sensibilidad e nuestra piel, darnos cuenta de cómo nuestras manos tocan el agua o cogen una taza de té, percibir nuestro movimiento, reconocer cómo nuestros pies nos ayudan a desplazarnos, como montones de órganos hacen millones de funciones desconocidas y vitales. Me gusta ojear manuales de anatomía para maravillarme aún más de lo sabio que es mi organismo, de la cantidad de cosas que hace sin yo ser consciente.

Éste no sólo es un laboratorio fisiológico, sino una guía para la vida, nos dice donde y con quien le apetece estar, en él circula esa sabiduría de la que estamos hechas las personas, mandándonos mensajes a los que en ocasiones no ponemos oído.
Somos un tesoro, es una pena desperdiciar el mismo obedeciendo a una mirada estrecha y miope, a la que se le escapa este universo. Aquello que cultivamos en nosotros tarde o temprano comienza a florecer, seguramente si apostamos por ponerle conciencia a nuestro cuerpo, empecemos percibir muchas sensaciones y señales que ahora nos pasan desapercibidas ¿Cómo sería ir poco a poco poniéndole conciencia a tu cuerpo, a sus sensaciones y necesidades? ¿ Cómo sería no alimentar este esquema “exigencia + “imagen”, y fomentar el reconocimiento a un cuerpo que nos permite estar en la vida?

Autora: Nuria GC